Santa María Faustina Kowalska

sta faustinaUn ejemplo de confianza

El 30 de abril de 2000, en el marco del Gran Jubileo, el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa María Faustina Kowalska. En su homilía, el Santo Padre dijo: "es verdaderamente grande mi alegría al proponer a toda la Iglesia, como don de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de Sor Faustina Kowalska" (n.2.)

A Santa Faustina Kowalska el propio Jesús le había dicho: "Tú eres para Mí un gran gozo" (Diario, 512); "Oh elegida Mía, te colmaré con gracias aún mayores para que seas testigo de Mi infinita misericordia por toda la eternidad" (Diario, 400). "Tú eres testigo de Mi misericordia, por los siglos estarás delante de Mi trono como un vivo testigo de Mi misericordia" (Diario, 417); "Yo concedo gracias particulares a las almas por las cuales tú intercedes delante de Mí" (Diario, 599).

Sor Faustina Kowalska nació en una familia muy pobre el 25 de agosto de 1905 en la aldea de Glowiec, Polonia. Fue la tercera de diez hermanos. Desde muy pequeña se manifestó en ella un gran amor a Dios y al prójimo. Más tarde ella misma recordará que desde los siete años oyó por primera vez la voz de Dios que la llamaba a la vida consagrada (Cfr. Diario, 7).

Comenzó su educación primaria en 1917, pero en 1921 tuvo que interrumpirla para trabajar como sirvienta y ayudar así al sostenimiento de su familia. Al cumplir dieciocho años pidió permiso a sus padres para entrar en un convento, pero ellos no se lo dieron (Cfr. Diario, 8). Finalmente, en 1925, después de grandes esfuerzos, pudo ingresar a la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia (Cfr. Diario, 17). Ahí ocupó cargos muy sencillos en diferentes casas de la Congregación.

Su vida no fue nada fácil; en más de una ocasión padeció física y espiritualmente. Ella misma lo describe: Final del noviciado. El sufrimiento no disminuyó nada. El debilitamiento físico... Después de los votos, la oscuridad reinó en mi alma todavía durante casi seis meses... (Diario, 26, 27). Sin embargo, Santa Faustina supo dejarse llenar del amor misericordioso de Dios: La oscuridad cedió. En el alma oí estas palabras: Tú eres Mi alegría, tú eres el deleite de Mi corazón (Diario, 27).

Santa Faustina, unida a Jesús, vivía un auténtico amor al prójimo. Todo lo hacía por Dios y por el bien de sus hermanos y hermanas, ofreciendo incluso sus padecimientos por los demás: Mis sufrimientos los uní a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por mí y por la conversión de las almas que no confiaban en la bondad de Dios (Diario, 323). Ella procuró siempre hacer caso del gran consejo de su confesor, el P. Andrasz, S. J.: Procure que quien trate con usted, se aleje feliz (Diario, 55). A esta sencilla religiosa, Jesús la eligió para que fuera Secretaria de Su Divina Misericordia, y le permitió ver y oír muchas cosas que ella, obedeciendo el mandato del Señor, puso por escrito en su Diario, La Divina Misericordia en mi alma. Su misión consistió en recordar a toda la humanidad la verdad del amor misericordioso de Dios y transmitir nuevas formas de devoción a la Misericordia Divina.

SntaFaustinaKowalska

En el cumplimiento de la obra que Dios le encomendó, Santa Faustina tuvo que enfrentar algunas dificultades e incomprensiones; sin embargo, siempre se dejó guiar por Dios, confiando en Él: Oh Dios mío, entiendo bien que exiges de mí la infancia espiritual, porque me la pides contínuamente a través de Tus representantes (Diario, 56); Oh mi Jesús, a pesar de la noche oscura en torno a mí y de las nubes sombrías que me cubren el horizonte, sé que el sol no se apaga. Oh Señor, aunque no Te puedo comprender ni entiendo Tu actuación, confío, sin embargo, en Tu misericordia (Diario, 73). Santa Faustina fue llamada por Dios a la vida eterna el 5 de octubre de 1938, tras largos sufrimientos. En 1965 se inició en la Arquidiócesis de Cracovia el proceso informativo sobre Sor Faustina Kowalska.

El 20 de septiembre de 1967, el Cardenal Karol Wojtyla firmó los documentos finales del proceso informativo de la beatificación de Sor Faustina Kowalska y los envió a la Santa Sede; el 18 de abril de 1993, convertido ahora en el Papa Juan Pablo II la beatificó y finalmente, el 30 de abril de 2000 la canonizó, es decir, la declaró Santa. Ella misma había escrito: Siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que empezará. Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios... Dios es Amor y Misericordia (Diario, 281).

El ejemplo de Santa Faustina nos impulsa y su intercesión nos ayuda a decir cada día, a pesar de las dificultades: "¡Jesús, en Ti confío! "Tomado del Folleto oficial del Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia, Arquidiócesis de Puebla, A.R. escrito por el R.P. Eugenio Lira Rugarcía."

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